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El conductor de autobús

Aquella tarde, para variar, llovía a cantaros en Vancouver. Caminaba a paso rápido pero con cautela sobre la acera mojada de camino al trabajo. Al doblar la esquina vi como mi autobús cerraba las puertas para ponerse en marcha de nuevo y empecé a correr detrás de él. Cuando ya pensaba que lo perdía el autobús se detuvo unos metros más allá y las puertas volvieron a abrirse. Subí, me quité la capucha del abrigo y le regalé una sonrisa con dientes al conductor. “Thank you” 

Él era un hombre de unos 30 y pico, con una barba muy larga y espesa. Me devolvió la sonrisa mostrándome su piercing en la encía. Llevaba todos los brazos tatuados de arriba abajo y dilatadores en las orejas de un tamaño considerable. Aquello me sorprendió; no hay conductores de autobús como éste en mi país, pensé. Encontrar conductores que se detengan si ven corriendo a alguien que ha perdido el autobús y que además sonrían es muy difícil, pero aún lo es más ver un conductor con brazos tatuados y orejas agujereadas.

Un tiempo después apliqué para una beca de estudios de movilidad de la Unión Europea y mientras rellenaba los campos de información personal me sorprendió encontrarme con la siguiente pregunta:

– ¿Llevas alguna marca distintiva en tu cuerpo como tatuajes o piercings?

No entendí porqué el hecho de llevar tatuajes era importante para concederme la beca. ¿Determina esto que sea una mejor o peor candidata? En ese momento me acordé del conductor de autobús sonriente gracias al cual no llegué tarde al trabajo ese día de lluvia. Su indumentaria no fue un impedimento para ser contratado por la compañía de autobuses canadiense: al fin y al cabo era un buen trabajador. Sin embargo, me pregunto si ese mismo chico hubiera sido contratado por una empresa en nuestro país para conducir un autobús.

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En Canadá está prohibido incluir el sexo, la edad, la nacionalidad y la foto del candidato en el curriculum para que los procesos de selección no se vean afectados por ningún tipo de discriminación. Aquí, en cambio, es obligado poner foto y edad en el curriculum a la hora de buscar trabajo, cosa que evidencia la importancia que damos a la apariencia física. Y es que los prejuicios son algo que tenemos tan arraigado en nuestras mentes que no somos ni conscientes de ello.

Todo esto me hizo reflexionar y darme cuenta de mis propios prejuicios a la hora de mirar a la gente. Ahora me cruzo por la calle con desconocidos de diferentes edades, razas, orientaciones sexuales, indumentarias, maneras de caminar, pesos y olores y no dejo que su apariencia sea la que juzgue su persona.

Todos tenemos prejuicios pero lo importante es saber identificarlos y saber ignorarlos. ¿Y tú? ¿Te has dado cuenta de lo qué piensas cuando te cruzas con personas diferentes a ti?

Os invito a reflexionar 🙂

Aquí un artículo sobre cómo combatir prejuicios:

http://ideas.ted.com/the-fastest-way-to-combat-prejudice-open-up

 

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El trabajo

La chica que susurraba a los de recursos humanos

Hoy, al fin, he tenido una entrevista de trabajo. Tantos currículums enviados han dado su fruto pero con tan mala suerte que me citan el día que me he quedado sin voz. Las bebidas frías con hielo y las largas charlas con las amigas de la facultad del fin de semana le han pasado factura a mis cuerdas vocales. Aún así, después de una sobredosis de pastillas para la garganta, he ido a la entrevista y he conseguido hablar o, al menos, susurrar. “Ya te llamaremos”, me han dicho.

Infojobs, la batalla campal

¿Que a qué me dedico? A buscar trabajo, una labor que requiere mucho tiempo, mucha paciencia y la moral bien alta. Os lo digo yo, que me he visto obligada a someterme de nuevo a esta terrible y agotadora labor.

La evolución de la búsqueda de trabajo

Estas últimas semanas me he vuelto adicta a infojobs. Cuando me despierto, lo primero que hago es entrar en la web para ver si han publicado nuevas ofertas y repito la misma acción a lo largo del día, aproximadamente cada dos horas. Y por lo visto, no soy la única. Cada vez que se publica un nuevo anuncio, a los 15 minutos ya hay 25 personas inscritas, al cabo de una hora 100 y al cabo de tres 300. Como pienso que al candidato número 300 no van a hacerle ni caso, siempre quiero estar entre los primeros por si acaso. Así funcionan las cosas en esta batalla laboral: el que no corre vuela.

En el escritorio de mi ordenador tengo una carpeta llamada “curriculums” con todas las versiones de éstos que he ido haciendo a lo largo del tiempo. No hay ni uno igual, os lo aseguro. Y es que hacer currículums es todo un reto. Cómo consigo meter en sólo DOS hojas de papel mis datos personales, todos los trabajos que he hecho en 7 años desde que empecé la universidad, todo lo que he estudiado, mi nivel de idiomas, mis habilidades profesionales, mis conocimientos informáticos y mis virtudes como persona.¡ Ah! Y hay que respetar los márgenes, poner una foto, destacar los títulos en negrita, dejar un interlineado para facilitar la lectura, convertirlo en PDF y no escribir en letra tamaño 8. Repito, todo en no más de dos páginas.

Con esas dos hojas, te lo juegas todo. Y yo como lo sé, me dedico a hacer mil versiones de curriculums para destacar las experiencias que más corresponden a la vacante ofertada. Además de hacer versiones en 4 idiomas diferentes porque cuando ves que en tu país la cosa está muy cruda decides intentarlo en el extranjero. Todo esto procurando no entretenerme mucho ya que si lo hago en un momento tengo a 200 candidatos delante de mí en infojobs.

El temible “click”

En definitiva, supongo que como tantos otros he invertido horas y horas de mi valioso tiempo elaborando currículums, redactando cartas de motivación y rellenando formularios para inscribirme en portales de búsqueda de trabajo o ETTs. La verdad es que no quiero ni pensar que quizás más de la mitad del esfuerzo invertido ha sido en vano. Pues con un fácil movimiento de dedo para hacer click en suprimir, los de selección de personal, desbordados de curriculums, pueden acabar con las horas y el trabajo invertido por parte de los candidatos en tan sólo un segundo. Me pregunto cuántas de las cartas de motivación que he escrito en mi vida han sido leídas.

Pero aquí no acaba la cosa. Luego viene la espera. Te pasas el día mirando el teléfono y comprobando que no lo hayas silenciado por equivoción. Puede que alguien te haya llamado para una entrevista y no te hayas enterado o quizás te están llamando de la empresa donde fuiste a hacer una entrevista hace ya dos semanas.

El eterno becario

Otra premisa que hay que seguir para encontrar trabajo hoy en día es no ser muy quisquilloso y no tener unas expectativas demasiado altas, a menos que no tengas 10 años de experiencia, que no es mi caso. Lo que se busca hoy en día son becarios. Pero no uno cualquiera: becarios que a poder ser sean licenciados pero puedan establecer convenio, que tengan al menos 1 o 2 años de experiencia, que tengan disponibilidad horaria, que estén dispuestos a trabajar como todos pero a cambio de una miseria de sueldo, que tengan un proficiency de inglés y otra lengua extranjera, que sean perfeccionistas, creativos, rápidos trabajando y que se conformen en no tener vacaciones.

Viñeta Forges El país.com

Tú, que no tienes más remedio, aceptas las condiciones. Sin embargo, al cabo de 6 meses, cuando acabas con el convenio, aunque hayas trabajado bien te vas a la calle y contratan a otro becario para ocupar tu lugar y así sucesivamente. Al final, acabas apuntándote a otro curso para poder establecer convenio de nuevo y conseguir un trabajo de becario más. Así te conviertes en el eterno becario a los 25 años de edad.

Pero sobretodo, no desesperes, que no te baje la moral.

“Ya le llamaremos” y el teléfono nunca suena.

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