Amistad, Vida

¿Qué clase de amigo eres?

Yo soy de las que pienso que tener amigos es algo fundamental. A veces dedico más tiempo a ellos que a mí misma, pero siempre vale la pena. Sin embargo, no todos los amigos son iguales. Cada uno juega un papel clave y específico en nuestras vidas.

Algunos llegan en el momento preciso, como por arte de magia. Os conocéis en algún lugar, por coincidencia, y no podían haber sido más oportunos. Os une algo en común: vuestras circunstancias. Un viaje, una crisis personal, la llegada a una nueva ciudad, un trabajo, demasiado tiempo libre, una rotura reciente o un embarazo. Sea lo que sea estáis pasando por lo mismo y aquellas personas son las mejores para compartirlo. Mientras vivís esas experiencias en común mantenéis una estrecha e intensa relación, pero lo más probable es que tarde o temprano las circunstancias os vuelvan a separar. Frases-bonitas-para-el-Día-Internacional-de-la-Amistad-300x223

Otros, han sido clave en tus años de infancia y/o adolescencia pero con el paso de los años te das cuenta de que lo único que tenéis en común son recuerdos del pasado y que vuestras vidas han tomado un giro totalmente opuesto.  “A ver cuando quedamos para tomar un café”, pero ese café nunca llega y si llegase ya no tendríais nada que deciros.

Después están los amigos que desaparecen del mapa cuando se enamoran y vuelven llorando cuando les rompen el corazón; los que tienen tantos amigos que no tienen tiempo para ti; los que sólo hablan de sí mismos y nunca te escuchan; los que aunque hace mucho tiempo que no los veas nada cambia; los que le hacen más caso a su iphone que a ti; los consejeros; los quejicas; los que siempre están en el extranjero; los que te juzgan; con los que te entiendes mejor con unas copas de más y los que siempre te hacen descojonar de la risa.

Entre todos ellos, hay los verdaderos amigos. Aquellos pocos amigos que sabes que siempre van a estar allí. No importa lo mucho que has cambiado, si estás viviendo a miles de kilómetros de distancia o si estáis pasando por momentos diferentes. A pesar de que estés insoportable,  de que no compartáis ningún hobbie o de que olvidaras su cumpleaños, los amigos de verdad no fallan.

¿Y tú, qué clase de amigo eres?

85bb3a13e516ae5219d8e62eaf4433c9

Anuncios
Estándar
Hacerse mayor

Pelos en la ducha

Cuando ya pensabas que habías volado del nido para siempre las cosas se tuercen y te ves obligado a volver a casa de tus padres a los 25. De entrada, no te parece un drama pues por fin vas a tener siempre la nevera llena y los montones de ropa sucia acumulada van a lavarse como por arte de magia. Esto sólo a cambio de poner la mesa, tirar la basura y hacerte la cama cada día.

Independizarse. http://www.e-faro.info

Todo va sobre ruedas hasta el día que te olvidas de pasar el cacharro por la mampara de la ducha para limpiar las gotas de agua en el cristal. Hasta que te olvidas de sacar los pelos del desagüe o dejas los calcetines sucios tirados en el suelo. A partir de ahí la cosa se complica y empiezan las llamadas de atención. Al igual que tú, tus padres se han acostumbrado a vivir sin ti y no están dispuestos a pasarte ni una.

Por supuesto, debes renunciar a traerte los ligues a dormir y, por mucho que te duela, lo de invitar a tus amigos a cenar y beber cerveza en casa se ha acabado. Tampoco tienes derecho a mirar la televisión cuando te apetezca ya que ésta está reservada al resto de miembros de tu familia en las horas que emiten sus programas favoritos. Por no mencionar que ya no tienes sitio para tumbarte en el sofá y te toca sentarte en la butaca incómoda.

Cuando en busca de un poco de intimidad decides encerrarte  en tu habitación a leer o a trabajar con el ordenador las interrupciones de tu madre llamando a la puerta son continuas. En ese momento te das cuenta de que, definitivamente, se te ha acabado la tranquilidad. Pero no se te ocurra pasar todo el día fuera de casa, ya sabes que: “Esto no es un hotel al que sólo se viene a dormir y no se ayuda en nada”.

Si un día no tienes tiempo de desayunar o decides irte a la cama sin cenar va a costarte una gran preocupación de tu madre: “esta niña no come”. Así que lo de saltarse comidas olvídalo.

Recuerda que ya no vives sólo y que antes de salir de casa vas a tener que responder a un largo cuestionario: ¿A dónde vas? ¿A qué hora vas a volver? ¿Vuelves para la cena? ¿Vas a dormir aquí? ¿Con quién vas? ¿Puedes no hacer ruido cuando vuelvas si es muy tarde? ¿Puedes enviar un whatsapp si al final no vienes a dormir?, y un sin fin de preguntas más.

Pasados unos meses tus padres empiezan a estar cansados de que lo dejes todo por el medio y de que hayas alterado el orden de su casa. A ti, eso de dar tantas explicaciones empieza a molestarte y echas de menos tu libertad aunque ser libre suponga tener la nevera bacía, comer a base de congelados y lavar los platos de tus compañeros de piso.

Como bien dice una buena amiga, vivir con los padres a los 25 va contra la naturaleza humana.

Padres e hijos. www.efaro.info

Padres e hijos. http://www.e-faro.info

 

Estándar
Hacerse mayor

Cuando tu cuerpo ya no tolera el alcohol de garrafón

La crisis de los veinte y tantos

Un día te levantas y te das cuenta de que ya eres mujer.  Hace años que no eres una niña (a pesar de que tus padres sigan viéndote como tal) y el término chica se queda corto. Aunque sufras el síndrome del Peter Pan y hayas huido de la vida adulta todo este tiempo, tarde o temprano acaba por alcanzarte.

Te miras de cerca en el espejo y empiezas a ver sutiles arrugas cerca de los ojos y de las comisuras de la boca. Sigues metiéndote atracones de Nutella como siempre, pero tu cuerpo ya no los perdona y con la boca llena dices: “Tengo que apuntarme al gimnasio”.

Te das cuenta de que te estás haciendo mayor cuando tus amigas se van a vivir con sus parejas, las más tradicionales se casan y algunas hasta ya piensan en tener hijos. Tú piensas que todavía eres demasiado joven para todo eso y cambias de novio cada año. Ellas ya han encontrado un trabajo a jornada completa. Tú, no.

Cuando llega el fin de semana, el plan de cena + vino parece gustar a todos tus amigos, mientras que antes, por norma, siempre acababais dándolo todo en la pista de baile hasta que los porteros os echaban de la discoteca. Y es que tu cuerpo ha dejado de tolerar el alcohol de garrafón y sabes que si te vas de fiesta ya puedes olvidarte de hacer planes para el día siguiente: no te engañes, te lo vas a pasar en la cama y el sueño te va a durar toda la semana.

Te das cuente de que te has hecho mayor cuando descubres que los domingos existen y quieres disfrutar de ellos sin tener resaca. Antes quedarse en casa un sábado por la noche, era un drama, ahora lo agradeces. Aunque, claro, eso no quita que no te apetezca salir a mover el esqueleto de vez en cuando. Dibujo de Maitena

Eres adulto cuando deja de importarte lo que piensen los demás y también cuando eres capaz de comer solo en un restaurante sin sentirte incómodo. No puedes resistirte a tener cada vez más responsabilidades y piensas que, total, no hace tanto que saliste de la universidad pero en realidad ya hace años que te licenciaste. Las decisiones que tienes que tomar son cada vez más importantes y te aterroriza tener que escoger. Tienes la sensación de que todo el mundo espera más de ti, que ya deberías tener las cosas claras pero tú sigues sintiéndote como aquella chica que no sabe lo que quiere. Y lo peor es que ya no eres tan chica pero sigues sin saber lo que quieres y por eso te sientes una mujer (joven) y desesperada.

Huir al Caribe es una posibilidad, pero al final optas por hacer un blog y compartir tu desesperación.

 

Bienvenidos a Crónicas de una Mujer Joven y Desesperada

Estándar