Hacerse mayor

Pelos en la ducha

Cuando ya pensabas que habías volado del nido para siempre las cosas se tuercen y te ves obligado a volver a casa de tus padres a los 25. De entrada, no te parece un drama pues por fin vas a tener siempre la nevera llena y los montones de ropa sucia acumulada van a lavarse como por arte de magia. Esto sólo a cambio de poner la mesa, tirar la basura y hacerte la cama cada día.

Independizarse. http://www.e-faro.info

Todo va sobre ruedas hasta el día que te olvidas de pasar el cacharro por la mampara de la ducha para limpiar las gotas de agua en el cristal. Hasta que te olvidas de sacar los pelos del desagüe o dejas los calcetines sucios tirados en el suelo. A partir de ahí la cosa se complica y empiezan las llamadas de atención. Al igual que tú, tus padres se han acostumbrado a vivir sin ti y no están dispuestos a pasarte ni una.

Por supuesto, debes renunciar a traerte los ligues a dormir y, por mucho que te duela, lo de invitar a tus amigos a cenar y beber cerveza en casa se ha acabado. Tampoco tienes derecho a mirar la televisión cuando te apetezca ya que ésta está reservada al resto de miembros de tu familia en las horas que emiten sus programas favoritos. Por no mencionar que ya no tienes sitio para tumbarte en el sofá y te toca sentarte en la butaca incómoda.

Cuando en busca de un poco de intimidad decides encerrarte  en tu habitación a leer o a trabajar con el ordenador las interrupciones de tu madre llamando a la puerta son continuas. En ese momento te das cuenta de que, definitivamente, se te ha acabado la tranquilidad. Pero no se te ocurra pasar todo el día fuera de casa, ya sabes que: “Esto no es un hotel al que sólo se viene a dormir y no se ayuda en nada”.

Si un día no tienes tiempo de desayunar o decides irte a la cama sin cenar va a costarte una gran preocupación de tu madre: “esta niña no come”. Así que lo de saltarse comidas olvídalo.

Recuerda que ya no vives sólo y que antes de salir de casa vas a tener que responder a un largo cuestionario: ¿A dónde vas? ¿A qué hora vas a volver? ¿Vuelves para la cena? ¿Vas a dormir aquí? ¿Con quién vas? ¿Puedes no hacer ruido cuando vuelvas si es muy tarde? ¿Puedes enviar un whatsapp si al final no vienes a dormir?, y un sin fin de preguntas más.

Pasados unos meses tus padres empiezan a estar cansados de que lo dejes todo por el medio y de que hayas alterado el orden de su casa. A ti, eso de dar tantas explicaciones empieza a molestarte y echas de menos tu libertad aunque ser libre suponga tener la nevera bacía, comer a base de congelados y lavar los platos de tus compañeros de piso.

Como bien dice una buena amiga, vivir con los padres a los 25 va contra la naturaleza humana.

Padres e hijos. www.efaro.info

Padres e hijos. http://www.e-faro.info

 

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El trabajo

La chica que susurraba a los de recursos humanos

Hoy, al fin, he tenido una entrevista de trabajo. Tantos currículums enviados han dado su fruto pero con tan mala suerte que me citan el día que me he quedado sin voz. Las bebidas frías con hielo y las largas charlas con las amigas de la facultad del fin de semana le han pasado factura a mis cuerdas vocales. Aún así, después de una sobredosis de pastillas para la garganta, he ido a la entrevista y he conseguido hablar o, al menos, susurrar. “Ya te llamaremos”, me han dicho.

Infojobs, la batalla campal

¿Que a qué me dedico? A buscar trabajo, una labor que requiere mucho tiempo, mucha paciencia y la moral bien alta. Os lo digo yo, que me he visto obligada a someterme de nuevo a esta terrible y agotadora labor.

La evolución de la búsqueda de trabajo

Estas últimas semanas me he vuelto adicta a infojobs. Cuando me despierto, lo primero que hago es entrar en la web para ver si han publicado nuevas ofertas y repito la misma acción a lo largo del día, aproximadamente cada dos horas. Y por lo visto, no soy la única. Cada vez que se publica un nuevo anuncio, a los 15 minutos ya hay 25 personas inscritas, al cabo de una hora 100 y al cabo de tres 300. Como pienso que al candidato número 300 no van a hacerle ni caso, siempre quiero estar entre los primeros por si acaso. Así funcionan las cosas en esta batalla laboral: el que no corre vuela.

En el escritorio de mi ordenador tengo una carpeta llamada “curriculums” con todas las versiones de éstos que he ido haciendo a lo largo del tiempo. No hay ni uno igual, os lo aseguro. Y es que hacer currículums es todo un reto. Cómo consigo meter en sólo DOS hojas de papel mis datos personales, todos los trabajos que he hecho en 7 años desde que empecé la universidad, todo lo que he estudiado, mi nivel de idiomas, mis habilidades profesionales, mis conocimientos informáticos y mis virtudes como persona.¡ Ah! Y hay que respetar los márgenes, poner una foto, destacar los títulos en negrita, dejar un interlineado para facilitar la lectura, convertirlo en PDF y no escribir en letra tamaño 8. Repito, todo en no más de dos páginas.

Con esas dos hojas, te lo juegas todo. Y yo como lo sé, me dedico a hacer mil versiones de curriculums para destacar las experiencias que más corresponden a la vacante ofertada. Además de hacer versiones en 4 idiomas diferentes porque cuando ves que en tu país la cosa está muy cruda decides intentarlo en el extranjero. Todo esto procurando no entretenerme mucho ya que si lo hago en un momento tengo a 200 candidatos delante de mí en infojobs.

El temible “click”

En definitiva, supongo que como tantos otros he invertido horas y horas de mi valioso tiempo elaborando currículums, redactando cartas de motivación y rellenando formularios para inscribirme en portales de búsqueda de trabajo o ETTs. La verdad es que no quiero ni pensar que quizás más de la mitad del esfuerzo invertido ha sido en vano. Pues con un fácil movimiento de dedo para hacer click en suprimir, los de selección de personal, desbordados de curriculums, pueden acabar con las horas y el trabajo invertido por parte de los candidatos en tan sólo un segundo. Me pregunto cuántas de las cartas de motivación que he escrito en mi vida han sido leídas.

Pero aquí no acaba la cosa. Luego viene la espera. Te pasas el día mirando el teléfono y comprobando que no lo hayas silenciado por equivoción. Puede que alguien te haya llamado para una entrevista y no te hayas enterado o quizás te están llamando de la empresa donde fuiste a hacer una entrevista hace ya dos semanas.

El eterno becario

Otra premisa que hay que seguir para encontrar trabajo hoy en día es no ser muy quisquilloso y no tener unas expectativas demasiado altas, a menos que no tengas 10 años de experiencia, que no es mi caso. Lo que se busca hoy en día son becarios. Pero no uno cualquiera: becarios que a poder ser sean licenciados pero puedan establecer convenio, que tengan al menos 1 o 2 años de experiencia, que tengan disponibilidad horaria, que estén dispuestos a trabajar como todos pero a cambio de una miseria de sueldo, que tengan un proficiency de inglés y otra lengua extranjera, que sean perfeccionistas, creativos, rápidos trabajando y que se conformen en no tener vacaciones.

Viñeta Forges El país.com

Tú, que no tienes más remedio, aceptas las condiciones. Sin embargo, al cabo de 6 meses, cuando acabas con el convenio, aunque hayas trabajado bien te vas a la calle y contratan a otro becario para ocupar tu lugar y así sucesivamente. Al final, acabas apuntándote a otro curso para poder establecer convenio de nuevo y conseguir un trabajo de becario más. Así te conviertes en el eterno becario a los 25 años de edad.

Pero sobretodo, no desesperes, que no te baje la moral.

“Ya le llamaremos” y el teléfono nunca suena.

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Vida

El arte de hacer listas

No hace falta que llegue año nuevo para proponerse algo. Yo, me propongo cosas todos los días pero nunca consigo hacer todo lo que quiero. Mi especialidad es hacer listas de objetivos. Las escribo y luego las cuelgo en un sitio visible para no olvidarlo. A veces, hasta pongo signos grandes de exclamación y URGENTEs por si acaso.

Pero el verdadero motivo por el cual hago listas, debo confesar, es el placer que me produce tachar. Cada vez que al fin consigo quitarme un quéhacer de encima, cojo un rotulador rojo y trazo una línea encima de la palabra con satisfacción. Ése es, sin duda, el mejor momento. PostItTime

Sin embargo, no sé por qué motivo, siempre hay algunos objetivos que nunca llego a tachar. Éstos se van repitiendo en todas las listas día tras día sin llegar a cumplirse. Así que al final me he visto obligada a hacer una lista de cosas pendientes, pendientes. La lista quedaría así:

  • Borrar los cientos de emails SPAM que tengo acumulados en mis dos bandejas de entrada (hotmail y gmail)
  • Darme de baja de las incesantes Newsletter diarias de empresa a las que ni recuerdo haber dado mi correo para no recibir más SPAM
  • Hacer limpieza de amistades en Facebook, porque nadie tiene 600 amigos en la vida real y porque estoy harta de las invitaciones al Candy Crash
  • Escribir a mis amigos del Erasmus para ponernos al día
  • Hacer limpieza del armario y deshacerme de todo aquello que no me pongo, convenciéndome a mí misma de que no hay “y sis…” que valgan, porque si no me lo he puesto en 3 años ya no me lo voy a poner.
  • Ir a la universidad a recoger el título
  • Acabar las novelas de mi mesilla de noche que empecé a leer y  dejé a medias
  • Ordenar y clasificar los papeles de encima de mi escritorio que he ido acumulando sin darme cuenta

Y alguno otro que seguro que se me escapa.

Hoy me propongo hacer todo lo pendiente de la lista antes de que acabe el año. Aunque lo más probable es que  “hacer las cosas pendientes de la lista de cosas pendientes y que nunca haces” se convierta en un punto de las listas del 2015.

Ya tengo un nuevo propósito para el nuevo año: NO PROCRASTINAR.

¿Y tú, que tienes en tu lista de cosas pendientes?

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Navidad

Lo que no confesé en Navidad

Secretos del espíritu navideño

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“Gracias por este genial regalo que voy a regalar a otro el próximo año”

Cuando llega la Navidad siempre tengo el mismo problema: no sé qué cara poner cuando un regalo no me gusta. Después de la comilona llega el momento de abrir regalos y yo empiezo a ponerme tensa. Toda tu familia te mira mientras tú te peleas con el papel de regalo sin querer romperlo demasiado pero con prisa por no hacer esperar a los impacientes espectadores. Después de quitar las infinitas capas de envoltorio sale a la luz lo que es el bolso de charol más hortera y horrible que has visto en tu vida. No es para nada tu estilo, parece sacado de los años 70 y encima es de ese color ocre que tanto odias. Es en ese momento cuando te das cuenta de lo poco que te conocen tus tíos a los que, por otro lado, sólo ves un par de veces al año.

Por un momento piensas que ha habido un malentendido y que ese regalo era, en realidad, para tu abuela. Luego, en la etiqueta ves tu nombre claramente escrito a boli. Ese bolso no podría ser más anti tú pero como no quieres ofender a nadie y, a fin de cuentas la intención es lo que vale, decides hacer el típico teatro. “¡Qué bonito! Me encanta. ¡Muchísimas gracias! Me va a ir fenomenal”, y mientras lo dices sabes perfectamente que ese bolso va a quedarse en el fondo de tu armario y no va salir de allí nunca más. Por si no fuera poco eres muy mala actriz y te pones roja pensando que los otros se han dado cuenta de que no te gusta.

Una Navidad, el que era mi novio en aquel entonces me regaló un reloj y no me gustó. “Se puede cambiar”, me dijo.  Aunque habíamos prometido que si no nos gustaban los regalos lo diríamos, no tuve el valor de admitirlo y no tuve más remedio que llevarlo puesto, al menos, durante un tiempo. Un año más tarde, cuando ya teníamos más confianza, él me confesó que las zapatillas que yo le había regalado no le gustaban para nada y yo le dije lo mismo sobre el reloj.

¿Por qué es tan difícil reconocer que un regalo no nos gusta?

"El lunes es como un regalo de alguien que no sabe nada de ti y que no se molesta en incluir el recibo"

“El lunes es como un regalo de alguien que no sabe nada de ti y que no se molesta en incluir el recibo”

Si lo piensas, es una pena la de regalos que desde el momento en que se desenvuelven están destinados a ser arrinconados y olvidados por sus nuevos propietarios. Sin embargo, el miedo a quedar mal nos impide decir la verdad y admitir lo poco que nos gusta lo que tenemos delante. En definitiva, forma parte del espíritu navideño. Por suerte, alguien inventó el ticket regalo.

¿Y a ti, qué es lo más horrible que te han regalado en tu vida?

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Hacerse mayor

Cuando tu cuerpo ya no tolera el alcohol de garrafón

La crisis de los veinte y tantos

Un día te levantas y te das cuenta de que ya eres mujer.  Hace años que no eres una niña (a pesar de que tus padres sigan viéndote como tal) y el término chica se queda corto. Aunque sufras el síndrome del Peter Pan y hayas huido de la vida adulta todo este tiempo, tarde o temprano acaba por alcanzarte.

Te miras de cerca en el espejo y empiezas a ver sutiles arrugas cerca de los ojos y de las comisuras de la boca. Sigues metiéndote atracones de Nutella como siempre, pero tu cuerpo ya no los perdona y con la boca llena dices: “Tengo que apuntarme al gimnasio”.

Te das cuenta de que te estás haciendo mayor cuando tus amigas se van a vivir con sus parejas, las más tradicionales se casan y algunas hasta ya piensan en tener hijos. Tú piensas que todavía eres demasiado joven para todo eso y cambias de novio cada año. Ellas ya han encontrado un trabajo a jornada completa. Tú, no.

Cuando llega el fin de semana, el plan de cena + vino parece gustar a todos tus amigos, mientras que antes, por norma, siempre acababais dándolo todo en la pista de baile hasta que los porteros os echaban de la discoteca. Y es que tu cuerpo ha dejado de tolerar el alcohol de garrafón y sabes que si te vas de fiesta ya puedes olvidarte de hacer planes para el día siguiente: no te engañes, te lo vas a pasar en la cama y el sueño te va a durar toda la semana.

Te das cuente de que te has hecho mayor cuando descubres que los domingos existen y quieres disfrutar de ellos sin tener resaca. Antes quedarse en casa un sábado por la noche, era un drama, ahora lo agradeces. Aunque, claro, eso no quita que no te apetezca salir a mover el esqueleto de vez en cuando. Dibujo de Maitena

Eres adulto cuando deja de importarte lo que piensen los demás y también cuando eres capaz de comer solo en un restaurante sin sentirte incómodo. No puedes resistirte a tener cada vez más responsabilidades y piensas que, total, no hace tanto que saliste de la universidad pero en realidad ya hace años que te licenciaste. Las decisiones que tienes que tomar son cada vez más importantes y te aterroriza tener que escoger. Tienes la sensación de que todo el mundo espera más de ti, que ya deberías tener las cosas claras pero tú sigues sintiéndote como aquella chica que no sabe lo que quiere. Y lo peor es que ya no eres tan chica pero sigues sin saber lo que quieres y por eso te sientes una mujer (joven) y desesperada.

Huir al Caribe es una posibilidad, pero al final optas por hacer un blog y compartir tu desesperación.

 

Bienvenidos a Crónicas de una Mujer Joven y Desesperada

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