Acerca de

Un día te levantas y te das cuenta de que ya eres mujer.  Hace años que no eres una niña (a pesar de que tus padres sigan viéndote como tal) y el término chica se queda corto. Aunque sufras el síndrome del Peter Pan y hayas huido de la vida adulta todo este tiempo, tarde o temprano acaba por alcanzarte.

Te miras de cerca en el espejo y empiezas a ver sutiles arrugas cerca de los ojos y de las comisuras de la boca. Sigues metiéndote atracones de Nutella como siempre, pero tu cuerpo ya no los perdona y con la boca llena dices: “Tengo que apuntarme al gimnasio”.

Tus amigas se van a vivir con sus parejas, las más tradicionales se casan y algunas hasta ya piensan en tener hijos. Tú piensas que todavía eres demasiado joven para todo eso y cambias de novio cada año. Ellas ya han encontrado un trabajo a jornada completa. Tú, no.

Cuando llega el fin de semana, el plan de cena + vino parece gustar a todos tus amigos, mientras que antes, por norma, siempre acababais dándolo todo en la pista de baile hasta que los porteros os echaban de la discoteca. Y es que tu cuerpo ha dejado de tolerar el alcohol de garrafón y sabes que si te vas de fiesta ya puedes olvidarte de hacer planes para el día siguiente: no te engañes, te lo vas a pasar en la cama.

Te haces mayor cuando descubres que los domingos existen y quieres disfrutar de ellos sin tener resaca. Antes quedarse en casa un sábado por la noche, era un drama, ahora lo agradeces. Aunque, claro, eso no quita que no te apetezca salir a mover el esqueleto de vez en cuando.

Eres adulto cuando deja de importarte lo que piensen los demás y también cuando eres capaz de comer sola en un restaurante sin sentirte incómoda. No puedes resistirte a tener cada vez más responsabilidades y piensas que, total, no hace tanto que saliste de la universidad pero en realidad ya hace años que te licenciaste. Las decisiones que tienes que tomar son cada vez más importantes y te aterroriza tener que escoger. Tienes la sensación de que todo el mundo espera más de ti, que ya deberías tener las cosas claras pero tú sigues sintiéndote como aquella chica que no sabe lo que quiere. Y lo peor, es que ya no eres tan chica pero sigues sin saber lo que quieres y por eso te sientes una mujer (joven) y desesperada.

Huir al Caribe es una posibilidad, pero al final optas por hacer un blog y compartir tu desesperación.

 

Bienvenidos a Crónicas de una Mujer Joven y Desesperada.

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